Claves para entender el conflicto en Venezuela y en la Región

Opinión 02/04/2017
Lo que ocurre en Venezuela, Ecuador y Argentina es una muestra de cómo la derecha latinoamericana es autoritaria cuando está en el gobierno y golpista cuando es oposición.

La situación que atraviesa Venezuela no es aislada sino que guarda relación con lo que se vive en Argentina y en Ecuador.

Aquí desde el Gobierno nacional no aceptan ningún disenso ni protesta, por eso arman una marcha de apoyo que califican como “de apoyo a la democracia”. Y por eso ven intentos desestabilizadores en todas las marchas que poblaron marzo, porque lo que realmente les da urticaria es ver al pueblo en la calle protestando.

La derecha, cuando gana las elecciones se siente legitimada a implementar sus políticas, aunque sean crueles para las grandes mayorías, y aunque hayan ganado esas elecciones engañando al pueblo. Como Macri, que llegó al gobierno prometiendo pobreza cero, crecimiento, institucionalidad, republicanismo, transparencia y honestidad (¿?). ¿Te acordás de la promesa de que no ibas a perder nada de lo que tenías?

Pero cuando pierden las elecciones, no aceptan las reglas del juego. En Ecuador este domingo hay ballotage, entre el candidato de la Revolución Ciudadana, Lenín Moreno, y el candidato de la derecha neoliberal, Guillermo Lasso. El final es apretado y cualquier cosa puede pasar. Pero el jueves en el cierre de campaña, Lasso dijo que su fuerza política dará sus propios resultados antes del cierre de los comicios, algo ilegal. Y ya abrió el paraguas, preanunciando la posibilidad de un fraude. Está clarísimo: para este tipo de líderes de la derecha suramericana, si ellos ganan creen en la democracia, y si pierden, no.

En Venezuela es más claro que en ningún otro lugar. El chavismo viene gobernando desde hace 18 años, y en el medio ha pasado de todo. La Revolución Bolivariana ganó elección tras elección, y la oposición de derecha denunció en cada ocasión la comisión de fraude.

En contraposición, la actitud del oficialismo chavista fue totalmente distinta las pocas veces que ganó la oposición. La primera vez fue en diciembre de 2007, cuando en el referéndum constitucional ganó el NO por menos de un punto. Sin embargo, inmediatamente salió el comandante Hugo Chávez a reconocer la derrota.

El actual conflicto de poderes en Venezuela también comenzó en una situación de éstas. Hubo elecciones de medio término en diciembre de 2015 y en ellas ganó ampliamente la oposición de derecha. El oficialismo reconoció ese resultado, como corresponde. En enero del año pasado, asumieron las nuevas autoridades de la Asamblea Nacional, que es el congreso unicameral de Venezuela. Sin embargo, el Tribunal Supremo de Justicia (TSJ) impugnó la designación de tres diputados por el departamento de Amazonas, por la cantidad de pruebas que demostraban cómo habían comprado votos y otras irregularidades.

En ese momento, las autoridades de la Asamblea Nacional hicieron caso omiso de las impugnaciones del TSJ y en ese momento comenzó el actual conflicto legal, técnico y también político entre el Poder Legislativo y el Poder Judicial.

El cinco de enero pasado, hubo cambio de autoridades en la Asamblea Nacional, y cuatro días después, esas nuevas autoridades, que también son de la oposición derechista, expulsaron a los tres diputados en cuestión, dándole la razón a la Justicia. Sin embargo continuó el conflicto entre estos dos poderes y la Justicia no levantó la calificación de desacato en la que había incurrido el Legislativo.

El mes pasado, la Asamblea Nacional volvió a embestir contra el Ejecutivo, denunciando que Nicolás Maduro habría abandonado el cargo de presidente, un verdadero absurdo que sólo puede entenderse dentro del marco del golpe continuo que viene intentando la derecha desde hace años, por lo menos desde 2002.

Esta situación hizo eclosión esta semana porque la parálisis de la Asamblea Nacional intentaba generar un caos generalizado. El gobierno debía firmar acuerdos petroleros que luego debían ser ratificados por el Poder Legislativo. Pero lejos de dar un debate en caso de no estar de acuerdo, las autoridades legislativas mantenían la parálisis. Esa fue la causa que llevó a la Sala Constitucional del Tribunal Supremo de Justicia a resolver suspenderle las funciones legislativas a la Asamblea Nacional en forma temporaria, hasta que cese en su desacato.

Se puede estar de acuerdo o no con la decisión de la Justicia venezolana, y de hecho, dio marcha atrás en esa decisión, luego de que el propio Maduro declarara su desacuerdo. Pero de ahí a comparar la situación con el autogolpe de Alberto Fujimori en el Perú en 1992 o con el de Juan María Bordaberry en el Uruguay en 1973.

Lo que hay en Venezuela es una nueva muestra de que la derecha suramericana es golpista cuando está en la oposición. De hecho, no es sólo una opinión nuestra, sino que lo dicen los líderes de la oposición venezolana que no aceptan volver a la mesa de diálogo y en cambio, apelan a los militares y a Estados Unidos para que saquen ya a Maduro. Su ansiedad les impide esperar dos años hasta las elecciones de 2019, cuando podrían ganar las elecciones, como lo hicieron en 2015.

Y a esto contribuye el fantasma de la revocatoria de mandato, que sobrevuela la política venezolana desde hace por lo menos un año.

En este sentido, no dudo en afirmar que parte de los problemas venezolanos deriva de un exceso de democracia. Porque muy pocos países del mundo tienen la figura de la revocatoria de mandato, que permite que ante el pedido del 20 por ciento del padrón electoral, se haga un referéndum para definir si el presidente sigue o se va a su casa.

Eso sucedió en 2004 y en el referéndum el 60 por ciento del pueblo venezolano decidió que Chávez siguiera con su mandato.

Eso intentó la oposición el año pasado y no logró cumplir los requisitos y plazos constitucionales. Pero creo que realmente es un exceso de democracia y una figura perjudicial, porque genera incertidumbre, inseguridad en el que gobierna y ansiedad desmedida en la oposición.

Y esta situación se potencia en nuestra región, donde los gobiernos populares están obligados a destinar gran parte de la energía y el tiempo a la lucha por la gobernabilidad.

Está dicho, la derecha cuando gobierna es intolerante y cuando está en la oposición es golpista. Antes lo hacían con los golpes militares, ahora con los golpes blandos. Antes con tanques y generales, ahora con ONGs y medios hegemónicos. Con este Partido de la Derecha Mediática Mundial (CNN, El País, Caracol, Televisa, O Globo, Clarín, etc.) que incurre en una imagen de verdadero realismo mágico, informando que en Venezuela no hay libertad para informar. La escena es surrealista cuando los opositores venezolanos dicen frente a las cámaras que no tienen libertad de expresión. Tan surrealista como el ex presidente uruguayo Julio María Sanguinetti denunciando por Radio Mitre que en Venezuela hay un autogolpe, cuando fue su Partido Colorado, con Juan María Bordaberry, el que sí dio un autogolpe en 1973, iniciando la sangrienta dictadura uruguaya.

Te puede interesar