Una reflexión por un hombre  

Opinión 31/03/2017
Pensamientos de un ciudadano dedicados a Raúl Ricardo Alfonsín, en un aniversario más de su muerte.  
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Raúl Ricardo Alfonsín (1927-2009) Foto: clarin.com

Y un día el hombre se muere, simplemente porque la vida es así.

Algunos llaman a ese momento “el paso a la inmortalidad”, si el protagonista tuvo alguna trascendencia por su obrar.

Pero hay otros que no mueren, aunque su cuerpo ya vencido por la enfermedad se rinda definitivamente.

El 31 de marzo del 2009 se produjo el desenlace en la vida física de Raúl Ricardo Alfonsín.

Han pasado 8 años de ese momento y demasiadas cosas en el país que llegó a gobernar.

Raúl Ricardo Alfonsín no murió en aquel momento. Sigue soportando las heridas que le propina un país que perdió el rumbo al tergiversar los valores esenciales del sistema democrático.

La intolerancia, la anomia, el insulto, la chabacanería, son apenas una muestra de la interminable caída de un país que pudo y no quiso ser el mejor lugar para sus habitantes.

Raúl Ricardo Alfonsín vive, con las manos limpias, con la conciencia de haber hecho lo posible ante tantos obstáculos que se le plantearon.

Raúl Ricardo Alfonsín no es el superhombre ni el líder mesiánico infalible. Es apenas un discurso, un proyecto, un camino.

Raúl Ricardo Alfonsín es simplemente el aire que entra a los pulmones, oxigenando las neuronas, alimentando las fuerzas para realizar la acción.

Raúl Ricardo Alfonsín es la palabra, el pensamiento, la reflexión.

Raúl Ricardo Alfonsín es simplemente el motor de una generación que vivió lo que se llamó “la noche negra” y que hoy sigue augurando las primeras luces del amanecer.

A Raúl Ricardo Alfonsín no se lo recuerda en la fecha de su muerte. Se lo vive, se lo recita en su rezo laico, se lo honra con las acciones.

 

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