Hacerse cargo

Opinión 13/03/2017
Por Luis Ernesto Zegarra (*)
Olavarria

Gracias a todos los que escribieron, llamaron o mandaron mensajes para saber cómo estaba/estábamos, tras los hechos de ayer, durante y después del recital de Indio Solari
Fueron muchos, a todos les agradezco.
Llegué, junto al Cucho Ciocca, aproximadamente a las 18. Aclaro, antes que nada, que la demora no respondió a inconvenientes vividos en Olavarría, sino a problemas de la organización de estos viajes: pasajeros que se "cuelgan" para volver, errores de caminos, demoras injustificadas en cada parada, etc.
Sé que Gastón Cossutta está en camino y que Patricio Vicio, varado anoche, tomó un micro a las 19, aproximadamente.
Sé que otros amigos están bien, lo cual me empieza a brindar algo parecido a consuelo.
Es que acarreo más dolor que cansancio. Y no hablo de dolor físico, precisamente. Padezco algo parecido al abatimiento, por asistir a una nueva tragedia. También, por un episodio, que ni siquiera creo que pueda ser considerado eventual, pero que se parece demasiado al fin de la carrera de uno de los artistas que más he admirado.
No sufrí ni presencié hecho violento alguno. Sólo una salida demasiado caótica, que de a ratos preocupó a quienes intentábamos ganar la calle. Encaramos por el mismo lugar por el que habíamos entrado, desde una ubicación cercana. Nos topamos con sólo una vía de egreso, estrecha, que obligaba a cambiar nuestra dirección, algo que apenas si pudimos hacer, apretados, casi aprisionados por una multitud que no paraba de avanzar, sin reconocer obstáculos o compañeros. En pocos minutos, entendimos que nos moveríamos hacia donde las fuerzas de la masa lo quisieran: teníamos un control mínimo, casi imperceptible, sobre nuestros propios medios de locomoción. Desde unas rejas que se tornaban cada vez más peligrosas, algunas personas que no demostraban pericia en recitales (estoy casi seguro que sólo habían ido al recital), no atinaban a indicar el camino, ni siquiera gesticular para pedir cordura. Nada. Sólo miraban, como si fuese la primera vez que veían esa marea. Estaban a un pliegue de la resignación.
Cuando finalmente logramos poner pie en la calle, nos topamos con nutridos grupos de personas que, en vez de circular, se quedaban en las zonas de paso, haciendo aún más caótico el egreso.
Acaso esa situación resuma una serie de errores cometidos en la organización del evento. Muchos de ellos no los vi antes, otros aparecen palmarios recién ahora, acaso por las nubes que la costumbre antepone a nuestra mirada.
- Las vías de ingreso y egreso no parecían adecuadas para semejante cantidad de gente.
- Las zonas para colectivos estaban alejadas del predio. Eso debía liberar las calles adyacentes. Pero nadie previó (o actuó en consecuencia) que esos lugares serían ocupados por vendedores ambulantes. Eran cientos, con mantas, carros, mostradores. Su presencia obstaculizaba el paso peatonal, proponiendo dificultadas a la informe marea que no atinaba su rumbo.
- La señalética fue insuficiente, tanto para indicar los egresos como para identificar calles o sectores.
- No hubo control alguno a la venta de alcohol en los alrededores. No me espanta: me gusta tomar un trago viendo recitales. Pero el propio Solari vinculó inicialmente lo sucedido al alcohol: primero pidió a los "borrachitos" se corrieran del lugar, luego apuntó a borrachos como los responsables del caos. Suele suceder, Indio apostrofa a sus seguidores, que aplauden a rabiar sus intervenciones, aún si son retos o sorna.
- Los controles para ingresar fueron aún menores a los de otros recitales. Otra vez, como en la mayoría de la decena de recitales del Indio a que asistí, tengo el ticket intacto. No sorprende. En entrevistas previas, el propio Indio admitió que sus seguidores no entienden el concepto de "entradas agotadas". Y los antecedentes de graves enfrentamientos en los recitales de Los Redondos avalan la decisión de no reforzar la seguridad en ese punto neurálgico. Consecuencia bien previsible a esta altura: hay más espectadores que entradas vendidas. Y la diferencia suele ser amplia.
- No puedo asegurar que haya habido más personas que las que el lugar permitía. Sí puedo decir que aún estando hacia atrás, a unos 300 metros, percibí que había mucha gente en el lugar. Viví, en distintos momentos, indicios inequívocos: roces con varios otros, dificultad para desplazarse en saltos o pogos, dificultad para dar más de dos pasos seguidos. No estábamos asfixiados; sí contábamos con mucho menos espacio que en otros recitales en que ocupamos lugares similares. Claro está, ni se nos cruzó irnos más adelante, pues la perspectiva era la de un mar de cabezas.
- El predio no parecía tan grande como el de Tandil, por caso. A eso sumemos la presencia de 15 torres de sonido. Con ellas, Solari pudo dar respuesta a los reclamos sobre la calidad del sonido: ayer fue impecable, de a ratos demoledor. Justo ayer...
- Creo que hicieron bien en no suspender el recital. El resultado podría haber sido peor en caso de un desbande.
- Solari quitó una decena de temas de la lista original. Todos, de Los Redondos. Todos movidos, varios "pogueables". Me parece que acertó.
- Por la tarde una lluvia complicó las cosas. No produjo anegamientos, pero sí barro. Y sabemos que el barro es mal compañero de los recitales al aire libre.
- No vi ni sufrí avalanchas. Algún empujón, tal vez. Pero no vi ni advertí avalancha alguna proveniente del exterior por parte de quienes querían entrar sin ticket, como algunos medios dicen. Incluso amigos que salieron del predio aseguran que mucha gente circulaba por la zona aledaña y podía escuchar claramente el recital. O sea, no necesitaban forzar el ingreso.
- La lógica de los recitales es levantar al caído, no pisarlo.
- No presencié episodio de violencia corporal alguno.
- Los rumores sobre la posibilidad de algún hecho violento corrían por el lugar. Incluso habían sido señalados por el Indio. No obstante, lo que viví, dentro y fuera de la Colmena, no fue diferente de lo que hube vivido en otros recitales, particularmente los del Indio. Es mi perspectiva, una en miles.
- No me atrevo a descartar alguna animosidad, considerando las posturas públicas del Indio. Con todo, creo que sucedió algo que podía preverse, especialmente por la organización: organizar un evento para 300 mil personas, en una Argentina sin rutas y sin telefonía celular, es un fárrago. Hacerlo para un público que se ha desacostumbrado a controles, es demasiado jodido. Pretender que no haya incidentes o errores, es ya quimérico. Por ello, creo que Indio debe dar las explicaciones del caso. Asumir su parte.
Nosotros, como público, debemos empezar a desterrar esa palabra que tanto daño ha hecho a la cultura, más por ejercicio que por incomprensión: AGUANTE. En estos años, en muchos recitales del Indio, se han aceptado condiciones distantes de lo conveniente, en lugares inapropiados.
Y no hablo solo de aquellos "desangelados". En la masividad también navegan profesionales, intelectuales, deportistas, funcionarios, doctores, licenciados, etc. En sus shows, como en los carnavales de antaño, unos y otros quedan equiparados. Es un rato. Son dos horas. Desempleados y pequeños empresarios; condenados y doctores; modelos y estudiantes; unos y otros bailan por igual, con una misma banda de fondo. Hoy, a todos nos secuestraron el ánimo. Hoy todos debemos pensar...
Claro que la masividad impide la perfección; claro que Solari, por salud, no puede tocar más de dos veces al año. Pero en lo sucedido también hay responsabilidad suya, como organizador. Más aún atendiendo las presunciones de la semana previa. Más aún si quiere dar precisión a los muchos que dice amar. Aunque pueda no gustar, también es empresario.
Como tipo que ama y ha amado a Los Redondos (la amalgama artística que más me ha conmovido por mucho tiempo) siento que esto se parece demasiado al final. Y es poco grato para un artista que es, fue y será la voz de millones. Millones a los que ha sabido interpelar directamente, de una manera que otros tantos, que lo señalan apodícticos, jamás han siquiera imaginado.
Para el cierre, cito al propio Solari, quien promediando el recital, luego de pedir a la gente que se acercara a las Madres de Plaza de Mayo, mientras criticaba los proyectos para bajar la edad de imputabilidad, señalaba algo casi profético a esta altura: "El Estado no puede ser penal antes que social".
PD: Al cierre de estas precipitadas líneas, leo algo que me inquieta aún más: "El municipio difundió el informe preliminar de la autopsia: las víctimas fatales no murieron por aplastamiento"...

Publicación del periodista Ernesto Zegarra en su Facebook horas después del trágico recital del Indio Solari en Olavarría. 

(*) Periodista de los SRT. Asistente al recital del Indio Solari en Olavarría.  

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